“Las niñas de la tercera edad” del Valle de Aranguren

Grupo de las usuarias de la Jubiloteca con las monitoras, Ana y Amaya

Grupo de las usuarias de la Jubiloteca con las monitoras, Ana y Amaya

Hace dos años, los vecinos del Valle de Aranguren mayores de 60 años recibieron una extraña misiva cuyo contenido se resumía en una pregunta: ¿Usaría usted los servicios de una jubiloteca o de un comedor saludable? Un interrogante un tanto extraño que recibió respuestas muy variadas. Así, a pesar de las reticencias iniciales, el 19 de junio de 2012 la jubiloteca y el comedor saludable comenzaron su andadura en Mutilva de la mano de la empresa Transforma. Los requisitos para hacer uso del nuevo servicio eran muy simples: tener más de sesenta años y estar empadronado en el valle. Sin embargo, el éxito cosechado fue totalmente inesperado.

La jubiloteca, que desde entonces es una realidad, abre por las mañanas, de 10.00 a 13.00 horas. A lo largo de la jornada, Amaya Saralegui y Ana Zubiri, las técnicas que en ella trabajan, llevan a cabo tres talleres. “A primera hora tiene lugar el taller de psicomotricidad; de 11.00 a 12.00 se lleva a cabo el taller de memoria; y por último, de 12.00 a 13.00 horas, hacemos manualidades, como por ejemplo un marco para fotos de cartón y papel”, explica Zubiri. “Además, algunas veces traemos invitados que dan charlas que les ayudan a sentir que no están desconectados de la sociedad y sobre temas que les interesan, como el párkinson, la alimentación saludable, o una con la policía”, completa Saralegui.

Ambas técnicas destacan el gran cambio que se produce en la actitud de los mayores que acuden a la jubiloteca. “Se piensan que ya están muy torpes y que no van a poder hacer las cosas, y cuando se ponen a hacer las actividades se dan cuenta de que son muy creativos”, afirma Saralegui. “Están todo el rato aprendiendo y creciendo, y enseguida se dan cuenta de que mejoran; entonces se animan y se retroalimenta el interés de seguir viniendo”, añade Zubiri.

El punto en común entre todos los asistentes es que todos tienen muchas ganas de hacer cosas, y a pesar de que hay diferentes niveles intelectuales y de salud, la forma de trabajo es muy homogénea. “Han forjado una hermandad en la que se ayudan unos a otros. No hay juicios ni valoraciones acerca de las capacidades o los trabajos de cada uno, sino que se ayudan entre ellos, especialmente en los trabajos manuales”, asegura Saralegui.

Otro de los servicios del que hace uso gran parte de las usuarias de la jubiloteca es el comedor saludable, dirigido por Esther, a quien las usuarias adoran. “Es un encanto, comemos muy bien, no repetimos comida, y también nos hace café o té”, comenta Isabel Montaño. Una opinión que comparte Luchi Torres: “Esther es una monada y la comida está muy buena. Yo le suelo pedir que no me eche tanta ración”. Juanita Jurío es otra de las usuarias “encantadas” con Esther y las monitoras. “Son muy majicas”, expresa.

Las usuarias Para Isabel Guembe, asidua a la jubiloteca desde hace seis meses, “esto es fabuloso”. “El taller que más me gusta es el de psicomotricidad, los bailes. Una amiga mía no sabía bailar la de Coyote Dax y a los dos días aprendió. Aquí te enseñan muy bien”, señala Isabel, quien acude habitualmente con su hermana Mª Jesús, otra apasionada del baile: “Bailamos de todo: Coyote Dax, La camisa negra… también bailamos agarrados, pero a mí eso no me gusta porque van a lo que van y yo no quiero, que soy viuda”.

Por su parte, Isabel Montaño destaca que las monitoras “son muy majas”, y que Esther, la encargada del comedor, “es encantadora; nos llama sus niñas de la tercera edad”. “Aunque las piernas no me siguen hago un esfuerzo y vengo todos los días. Por ejemplo, cuando tengo médico vengo un poco más tarde”, indica Montaño. A pesar de estar muy concentrada en su dibujo, Montaño es despierta y repara en la ausencia de algunas compañeras. “En vacaciones falta más gente, porque se van a sus pueblos de vacaciones, pero hoy también faltan algunas de las que vienen en verano”, comenta, haciendo referencia a la ausencia de tres compañeras que, en verano, completan el grupo de 16 usuarias de la jubiloteca.

Mª Dolores Jiménez, una de las veteranas de este servicio, también acude todos los días a todos los talleres. “No me puedo mover mucho porque estoy delicada de la espalda, pero dentro de mis posibilidades hago lo que puedo”, afirma Jiménez, mientras María Barranco, una de sus compañeras, asiente reafirmando sus palabras. “Yo hace muchos años pintaba en mi casa, y esto me recuerda bastante, me gusta”, recuerda Luchi Torres, mientras termina de pintar su dibujo. “No puedo hacer gimnasia porque hace cinco años me caí, pero las demás cosas las hago todas”, explica Torres.

Otra de las usuarias es Ana Mari Elizalde, que recuerda todas las manualidades que hacen diariamente en el taller: “Hemos hecho broches, una blusa para el día de la madre y una chaqueta para el día del padre. Pero no sé qué haremos mañana, a ver que nos mandan”. Antonia Gutiérrez, otra de las veteranas, acude a todos los talleres excepto al de gimnasia porque “me operaron, y no es caso”. Gutiérrez destaca el buen ambiente y las risas que hay. “Si una acaba antes que las demás, les ayuda en lo que haga falta”, comenta.

Rosa Ferré, a la que sus compañeras definen como “muy graciosa”, sólo tiene buenas palabras para las monitoras. “Son una maravilla, dos estrellas. Con esto yo he pasado de muerte a vida”, asegura. “El médico me ha prohibido que deje de venir, dice que me hace mucho bien”, añade Ferré, que padece alzhéimer. La usuaria hace además un repaso de todas las actividades y manualidades hechas hasta el momento. “Yo no sabía hacer nada, pero puse mucha voluntad y así aprendí”, explica Ferré, en respuesta a los halagos de sus compañeras, que la señalan como la más hábil con las manualidades.

Además, no quiso dejar escapar la ocasión de destacar la charla que tuvieron con la policía. “Fue muy interesante, nos dejó preguntarle todas nuestras dudas, y nos respondió muy bien. Era muy majo y encima era guapo, y eso es bueno para distraer la vista”, asegura entre risas, demostrando el buen humor y la alegría que todas comparten.